Si ella hubiera sabido que ser infiel es algo tan rico, ya hubiera abierto las patas con todos los viejos de la colonia.
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Si ella hubiera sabido que ser infiel es algo tan rico, ya hubiera abierto las patas con todos los viejos de la colonia.

Todo comenzó un sábado, eran las tres de la tarde y los albañiles regresaban a sus casas. Sin embargo, el marido no llegaba porque estaba con unas putitas en la cantina. Entonces un amigo albañil, y compañero del esposo, tocó a su puerta. Luego de contarle las infidelidades del marido, le propuso tener sexo. Ella no quería, pero el trabajador obligó a que ella le tocara la verga. Para su sorpresa este chorizo era mucho más grande que el de su señor. Así que ya no soltó la salchicha y cerró los ojos. Al ver este gesto, el hombre le tocó las tetas con mucha lujuria. Después, ambos fueron a la habitación, donde ella se quitó la ropa temblando. Hecho esto, se acostó sobre sus pechos en la cama. En seguida, el viejo cachondo la penetró con mucha maestría. El cabrón se movía con vigor y pronto inundó el panochón de espuma.

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