Por más que coge con su marido, nunca consigue que las piernas le tiemblen al recibir la macana. Sólo con su amante.
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Por más que coge con su marido, nunca consigue que las piernas le tiemblen al recibir la macana. Sólo con su amante.

Una joven esposa de 25 años vive con la consciencia intranquila, pero la vulva satisfecha. Sucede que una vez más quedó con el amante en un motel. Con una gabardina negra, que le llegaba hasta los tobillos, entró al cuarto. En la cama, el amante yacía desnudo, jugando con una verga larga como cuello de jirafa. Ante el espectacular genital, la mujer hizo una reverencia y dejó caer el abrigo. Un par de tetas doradas, con pezones duros y dulces como fresas, quedaran descubiertas. Así pues, la hembra subió a la cama gateando. A medida que se aproximaba al grandioso pene, su panocho se mojaba cada vez más. Ahora bien, la infiel abrió la boca tan grande como pudo y logró comer medio chorizo. Luego de mamar aguerridamente, el amante la colocó en posición de perrito. Ayudado por una verga descomunal, fornicó a la mujer con la potencia de una bestia.

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