La señora ya tiene las nalgas empinadas y el vecino le clava el dedo gordo en fundillo, no se va a salvar del anal.
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La señora ya tiene las nalgas empinadas y el vecino le clava el dedo gordo en fundillo, no se va a salvar del anal.

Juana recibía la macana en cuatro patas, temiendo que don Rodo se la dejara ir por el fundillo. Mientras ella tenía el enorme culo en lo alto, el vecino le acariciaba el ano con el dedo gordo. Después se metía el pulgar a la boca, para chuparlo como un caramelo. Después, con el dedo lleno de saliva viscosa, volvía a introducirlo en el túnel de carne. Cada vez eran más veloces y profundas las metidas de verga, por eso doña Juana pujaba. Su instinto de hembra le decía que pronto un pedazo de carne le haría pedazos el orto. Así pues, el vecino retiró el tolete, luego lo apuntó e intentó sumirlo. Pero la doña estaba tan nerviosa que su intestino no permitía que entrara ni un centímetro de la verga chingona. Fue muy frustrante, al grado que el viejo le golpeó el pedorro con ambas manos. Tuvo que joderla sólo por la pucha.

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